Un día te levantas y no puedes abrocharte los pantalones. Los estaré asfixiando?
Dejas el botón bailando y sales a comprarte ropa pre-mamá. Ha llegado el momento: Gorda no, embarazada.
Entras a la tienda con una sonrisa, escuchas la dependienta como se entretiene hablando con otra chica en estado y piensas: -yo mas, yo llevo dos.
Ciertamente te sientes especial por ser madre de mellizos ya desde el embarazo. La curiosidad que despierta en la gente, la exclusividad por ser, de alguna manera, “una rareza” en la especie, es algo que te acompañará siempre y que repercutirá en los niños.
Mis hijos mayores cuando les preguntaban si eran hermanos, solían responder: -no, somos mellizos.
Das una ojeada en la ropa de bebé pero un bloqueo de seguridad mental te dice: -no, no te acerques, todavía no. Así que vas directamente hacia los tejanos elásticos y mientras cotilleas ese tipo de bolsa sujeta-vientres en la parte superior, te parece exagerado. Te lo pruebas y te ves ridícula, te va demasiado ancho. Tu lógica que razona sin razón te hace creer que tu vientre jamás llenará ese espacio y al final te quedas corta. Siempre te quedas corta la primera vez, porque eres incapaz de prever las dimensiones que cogerás.
Con los pantalones en la mano pasas por la farmacia y te dejas “aconsejar” comprando la mejor crema anti-estrías. – A mí me fue muy bien! Te dice la preciosa farmaceutica y te enseña un ombligo redondito y una panza extra-lisa. No me engañaba, lo que pasa es que ella tuvo un embarazo normal, con un peso normal, y una silueta de revista y yo, para decirlo de alguna manera, necesitaria medio bote para untarme toda.
En mi primer embarazo renové íntegramente el vestuario de mi armario. En el segundo, di voces y todo lo que usé fué de segunda mano.
En el primero una parte importante del presupuesto la destiné a la cosmética. En el segundo, cuando me acordaba, aceite *Jonsons Baby, que tenía por casa de cuando los niños eran bebés.
Del primero salieron estrías, y del segundo, pues también.
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