
Si es verdad que, al final, se aparecen las imágenes importantes de tu vida, en este último año, yo he captado unas cuantas que saldrán seguro.
El 2011 no ha sido un año cualquiera. En él he aprendido mucho, sobre todo, de mí misma: No hubiera creído nunca que podía llegar a ser tan frágil y tan poca cosa. Me he desprotegido. Si, creo que esta es la palabra: desprotegida.
Pero ha sido justamente gracias a eso que he tenido la capacidad de sentir, con toda la magnitud del significado “sentir” y, a pesar de los malos momentos, ha merecido la pena.
Habéis estado aquí en mis indefensiones. Las habéis leído, las habéis comentado y, en algunos casos, las habéis compartido. A veces, incluso, sin entenderlas muy bien.
Gracias a los aprox. 1000 lectores que habitualmente me acompañan, algunos de ellos de países tan lejanos como Japón o Filipinas.
Gracias a los más de 500 “amigos” en Facebook.
A los que me paran por la calle, a los que sólo me miran con complicidad y a los que me enviáis mensajes privados confiándome vivencias personales.
Gracias a los 235 del twitter.
Gracias a mis hermanos de sangre y también a los hermanos con los que no comparto ADN.
Soy una persona afortunada.
Cuando me preguntan:
- ¿Que ganas tú con esto del blog?
No puedo hacer otra cosa que responderme:
Ojalá que los que me leéis obtengáis de mí, al menos, una cuarta parte de lo que yo recibo de vosotros escribiéndolo.
Feliz 2012 a todos.
.